Busco una simple palabra

 

 

Isaac Felipe Azofeifa

 

He entrado desde el aire en las ciudades.

Pacífico invasor del cielo,

los aduaneros implacables

me vacunaban contra la viruela.

En las ciudades

los rostros van y vienen

siempre los mismos, siempre diferentes.

Los pobres son iguales

y los ricos.

Diferentes los nombres y las lenguas.

Y sin embargo,

cada ciudad sale a pasear

cada mañana por las calles

con un alma distinta.

Y hay un color, un tono, una sonrisa,

un gesto,

una flor única se ofrece,

un ademán,

quizá una voz acaso mágica

que os sume en el misterio,

que os somete o rechaza,

os ruega, o quizás os persigue

como una fea máscara,

o puede ser también

que lo mismo que la mujer o la tierra,

desde el principio se os entregue, o nunca.

Ahora bien, ese fantasma

de la ciudad, pasea solo.

Busca un callejón, la reja,

el rincón de un jardín,

una esquina cualquiera,

un muro viejo, un rostro intacto,

una canción hace siglos olvidada,

una simple palabra,

fresca y antigua

como un verso inefable.

Yo de la soledad hice mi guía.

Recorrí la ciudad como un templo

buscándola

para amarla siempre

como a un amigo desconocido entre mil rostros,

y su don glorifico

en este punto y hora de mi verso.

[Vigilia en pie de muerte. 1989. San José: Editorial Costa Rica.]

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