Instantáneas

 

 

Guillermo Fernández

 

1.

Como el amor a la más fea criatura es ostensible

puedo decir que he amado estas calles.

Mi vergüenza es atroz.

He querido demasiadas cosas de mi ciudad triste.

Como si ella me hubiese dado

un amor colmado y limpio.

Y como en el despecho se fundan las pasiones corrosivas,

uno siente un maltrato sin término:

árboles ínfimos, techos oxidados,

esa absurda corte de palomas

en la somnolencia sin rubor.

Los ojos sobre la azotea.

La azotea sobre los hombros.

Los omnibuses en el trayecto de mis vísceras.

2.

Usted viaja conmigo en el mismo autobús.

Los rostros aledaños le producen natural antipatía,

Mientras sudan este invierno desabrido.

¿Tendrán historias? ¿Buscarán una verdad?

¿Se cerrarán llenos de buenas intenciones?

¿Por qué cuando bosteza uno, otros también lo intentan?

Usted tiene la sospecha.

Y como yo se aburre de los bultos

que copian una vida.

En un instante peligroso nos miramos.

¿Y ese quién será?

El autobús se arrastra: triste galeote

en un mar de fachadas sin brillo.

Cavernaria réplica de un rinoceronte humillado.

Bufa, tose, rogando menos peso.

3.

Ha llegado el mes de hombres y mujeres seducidos

por bagatelas.

Repostería para niños fofos.

El gran hocico es patán y ofensivo.

No perdonaremos nada en esta época.

Ni a Gandhi que nos dejó.

Ni a Zaratustra que solo fue soñado.

[Para días posibles. 1997. Heredia: EUNA.]

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