San José (1974)

 

 

Carlos de la Ossa

 

Hoy he recorrido las calles grises de San José.

San José es una ciudad

levemente arrepentida y sin historia

a veces es blanca neón

aquí nacieron mis hermanos

unos siempre mucho mayores que yo

y uno siempre un año menor

hasta que yo muera.

Hoy recogí una cala cerca del parque

eran como las doce de la noche

y la luna se desnudaba tras los jaúles.

San José a las once de la noche es un infierno

los demonios se esconden tras las iglesias.

Frente al Teatro Nacional

hay mocitas de quince años

que abren grandes ojos

como cavernas

y regalan poco a poco su cuerpo.

Cuerpos y miradas en San José

por ahí –cerca de las once-

grandes carros diplomáticos aparecen sin hacer ruido

grandes carros de ministros

carros pequeños de burócratas

zapatos rotos de poetas.

A las once de la noche

mi corazón está lleno de vida

y la sangre se me pone brava.

Pasadas las once de la noche –cerca ya del otro día-

quería escuchar su voz metiéndose en mi oído

su voz es la voz del viento en el desierto

amo el desierto –Sinaloa-

y el pecho de sus rocas en la noche.

San José sí tiene tiempo

y el tiempo dura años en pasar

aquí uno se amarra fuertemente a la vida

manoseamos la vida silenciosamente

como embriagados.

A las once de la noche

las muchachas esconden los olorosos panes blancos de sus pechos

uvas blancas de Santa María.

[En esta rara noche. 2009. San José: EUNED.]

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